La guerra de drones en Ucrania resuelve vieja obsesión militar: cómo reventar un puente
Rusia ha utilizado drones pequeños y baratos para derribar un puente en Ucrania, lo que demuestra la eficacia de estos dispositivos como herramientas tácticas económicas.
En mayo de 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, la RAF utilizó bombarderos con bombas "bouncing" para destruir presas alemanas. Esta operación fue considerada una solución sofisticada a la problemática de cómo romper estructuras gigantes con precisión.
“Mientras que antes se requerían toneladas de explosivos o misiles costosos, ahora solo necesitan menos de 250 libras de munición distribuidas en múltiples impactos”
Hoy en día, esa misma obsesión ha encontrado una nueva forma: drones suicidas que trabajan en conjunto como termitas para debilitar y derribar infraestructuras. En Ucrania, Rusia empleó 43 drones de vuelo libre (FPV) para tumbar un puente.
Estos pequeños dispositivos son más baratos y persistentes que las armas convencionales utilizadas en el pasado para este tipo de operaciones. Mientras que antes se requerían toneladas de explosivos o misiles costosos, ahora solo necesitan menos de 250 libras de munición distribuidas en múltiples impactos.
La clave del éxito radica en la comprensión estructural del puente. Los drones no buscan destruirlo por completo, sino debilitarlo poco a poco removiendo capas de hormigón hasta dejar expuesto el esqueleto metálico, lo que provoca su colapso debido a la fatiga estructural.
Esta táctica introduce una nueva lógica en la guerra: la acumulación de muchos golpes pequeños y precisos puede tener un impacto estratégico significativo. En lugar de requerir superioridad aérea y costosos misiles, ahora se pueden utilizar drones baratos que operan con paciencia y coordinación.
El costo económico es notablemente bajo: los 43 FPV usados en el ataque habrían costado menos de $25.000, una fracción del precio de un solo misil ATACMS o bomba guiada estadounidense. Esto plantea interrogantes sobre la planificación militar convencional y sugiere que la capacidad para derribar infraestructuras críticas ya no es exclusiva de las fuerzas aéreas avanzadas.
El impacto más significativo podría ser el cambio en los objetivos tácticos militares. Si un puñado de drones puede tumbar una estructura de carretera, también pueden amenazar puentes ferroviarios, depósitos logísticos y edificios altos.